lunes, 25 de junio de 2007
*AMANECERES*
El le escribió
En la borra del café
Un verso de Tuñón
Y luego se marchó
Para nunca volver
Ella lo vio
y un sólo lagrimón
se deslizó
por su mejilla de papel.
Se encontraron los dos
en una habitación
del hotel, de dos por tres
fingieron el amor
bebieron el sudor
mordieron el dolor.
La soledad fatal
fingido fue el ardor
la caricia brutal
Y luego el resongar
del corazón
Le dijo: -Ya me voy!
Habrá alguna otra vez
Después te buscaré
No te olvides de mí!
Y entonces apagó
el pucho y lo guardó
para después.
El hoy es el ayer
Para qué revolver
aquello que ya fue
Es mejor olvidar.
A dónde estás amor
que no te puedo hallar!
¡Ay que destino cruel!
Nunco supo como se llamaba
Ni la pena con que se mataba
No le dio ni un beso en la mejilla
Y en silencio se volvió de espladas.
El Rufián Melancólico
Todos los derechos Reservados
Copyright © 2005
En la borra del café
Un verso de Tuñón
Y luego se marchó
Para nunca volver
Ella lo vio
y un sólo lagrimón
se deslizó
por su mejilla de papel.
Se encontraron los dos
en una habitación
del hotel, de dos por tres
fingieron el amor
bebieron el sudor
mordieron el dolor.
La soledad fatal
fingido fue el ardor
la caricia brutal
Y luego el resongar
del corazón
Le dijo: -Ya me voy!
Habrá alguna otra vez
Después te buscaré
No te olvides de mí!
Y entonces apagó
el pucho y lo guardó
para después.
El hoy es el ayer
Para qué revolver
aquello que ya fue
Es mejor olvidar.
A dónde estás amor
que no te puedo hallar!
¡Ay que destino cruel!
Nunco supo como se llamaba
Ni la pena con que se mataba
No le dio ni un beso en la mejilla
Y en silencio se volvió de espladas.
El Rufián Melancólico
Todos los derechos Reservados
Copyright © 2005
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